miércoles, 2 de octubre de 2013

Héctor López "La "instancia" de Lacan" (Eudem, 2009) (Dos tomos)


Como ocurriera en su momento con la segunda tópica, a partir de la cual los psicoanalistas realinearon su discurso en el eje de los nuevos términos propuestos por Freud, hoy asistimos a un alineamiento similar en torno a los significantes del “último” Lacan. Y así como, hace 25 años atrás, escuchaba de boca de un novel psicoanalista, lector de Lacan, lo revelador que le resultaba “Más allá del principio del placer”, texto al que accedía por primera vez en su vida, hoy hallamos, en las incipientes bibliotecas de quienes se inician en estos campos, más seminarios de Miller que de Lacan, y con suerte algún tomo no demasiado visitado de las obras de Freud.
En este contexto, Héctor López surge nítidamente como un retornista, es decir, como alguien en quien hace eco la proclama que Lacan elevara en la década del ’50. Ya su primer libro (“Psicoanálisis, un discurso en movimiento”, Biblos, 1994) se ordenaba en torno a una lúcida lectura del Movimiento Psicoanalítico, apoyada en “el tiempo lógico” así como en las categorías foucaultianas de “instaurador de discursividad”, “olvido fecundo y necesario”, y “regreso a…”.
La peculiaridad que comporta el psicoanálisis como discurso lo hace depender, desde esta perspectiva, de una causa materializada en lo que López llama “el significante Freud”. Así, no hay Movimiento sin causa, pero aclarando que se trata de una causa que ocupa el lugar de “lo que cojea”. El significante Freud, es decir, el inconsciente, se define por ser “radicalmente ajeno” a la conciencia. Por eso la tarea del retorno es incesante, y define al Movimiento, que, parafraseando a Maud Mannoni, siempre va “de un imposible al Otro”.
En esta tarea incesante Héctor López inscribe su trabajo, dando por fruto más reciente su libro “La ‘Instancia’ de Lacan”. Ya en la Introducción del texto el autor se hace, y nos hace, estas preguntas: “¿Por qué ‘La Instancia’? ¿No es tal vez un escrito pasado de moda? ¿No fue acaso superado por Lacan?” (p. 21), para luego responderse: “La importancia y la actualidad de ‘La Instancia…’ se acentúan en los inicios de este nuevo siglo, cuando la práctica ha derivado hacia una clínica de lo real que tiende a desentenderse de las astucias significantes del inconsciente y del recorrido de la asociación libre”. Y un poco más adelante: “Si en su momento el olvido y degradación de La interpretación de los sueños marcó la disipación del inconsciente freudiano, ¿no estaremos asistiendo a una repetición de lo mismo con la pretendida superación de ‘La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud’?”
De allí en más, a lo largo de 700 páginas, Héctor López se sumerge, y nos invita a sumergirnos con él, en una nueva lectura del texto lacaniano. Más allá del valor que el análisis de López tiene por sí mismo, desgranando en cada detalle su agudeza como lector y su fina experiencia como practicante del psicoanálisis, el libro aporta un complemento de enorme valor para los lectores de habla hispana. Me refiero a los “Anexos”, que recopilan el corpus de citas y referencias que habitan el texto lacaniano. Hallaremos allí desde “Acerca del marxismo en la lingüística” de J. Stalin, las “Instituciones Oratorias” de Quintiliano, los “Pensamientos” de B. Pascal, hasta la obra de teatro de J. Tardieu “Una palabra por otra”, a la que Lacan hace referencia en varios sitios de su enseñanza.


“La ‘Instancia’ de Lacan” es, también, el libro que elegimos para dar inicio a la colección “Bitácora. Cuadernos del analista”, que dirijo junto con Marta Gerez Ambertín para la editorial Eudem de la Universidad Nacional de Mar del Plata. El deseo que nos llevó a crear esta colección fue el de recopilar la producción de los analistas que desde hace décadas transmiten el psicoanálisis en las universidades. Práctica difícil y muchas veces cuestionada, tiene para nosotros un doble valor, ya que ella conjuga el hecho de ser el primer encuentro, siempre traumático, entre un sujeto incauto y un discurso que intenta hablarle de su incompletud, junto con la tarea, también incesante, de alcanzar un “buen-decir” que logre invitar a esos sujetos a sumarse al Movimiento.

Horacio G. Martinez

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